Lo que nace con la idea de escribir una novela sobre el barco de su abuelo Liborio, el “Dos Amigos” (¿quién será el amigo?) y sobre una forma de vida, unida al mar, que se está perdiendo, acaba siendo, en realidad, un viaje familiar.
Durante el trayecto de Bilbao a New York vía Frankfurt, Kirmen Uribe nos introduce en su mente para que observemos la reconstrucción de la historia de las últimas generaciones de su familia.
Paralelamente asistimos, como un compañero más, al viaje mismo, y sentiremos las sensaciones, las observaciones y conversaciones que va teniendo, sus recuerdos más recientes, la conversación que entabla con Renata Thomas durante el trayecto más largo, Frankfurt-New York. Nos va mostrando como todo lo que sucede en el presente le sirve de excusa para retornar al pasado familiar.
Centrándose en las generaciones de su abuelo, de su padre, y la suya misma, pero haciendo, también, incursiones en la de sus bisabuelos o en la nueva que ya está llegando.
Fue durante la investigación y recogida de información para su pretendida novela cuando se dio cuenta de que no necesitaba inventar unos hechos, que estos estaban ahí mismo, en su pueblo, Ondarroa, en la memoria de sus familiares, en las casualidades de las relaciones, en la sorpresa del desconocimiento de sus seres más queridos.
En un viaje mental más lejano que el traslado físico a la costa este americana, vamos conociendo la vida del abuelo Liborio, pescador de bajura (con “El dos amigos”), contador de historias, partidario de los nacionales (¡herejía!) durante la guerra civil, en una gran familia de tradición nacionalista y euskaldún.
Kirmen, en un gesto que le honra, decide hablar de su abuelo, de su pasado franquista, de una guerra que también fue entre vascos. Decide hablar de él y de todos los que le rodeaban, la abuela Ana, los hijos, hermanos, amigos, el arquitecto Bastida y el pintor Arteta, a todos les va devolviendo la vida a medida que los recuerda. Nos habla de su padre, también pescador, pero de altura en los caladeros del norte de Escocia, hacia el oeste, en la isla de Rockall, cuando en el puerto de Ondarroa había más de doscientos barcos, allá por los años ochenta del siglo pasado. Ahora todo es muy distinto. El capítulo 21 le revuelve. Sueña que en su barrio ha habido un atentado, su casa sufre daños y está preocupado por si a Unai, el hijo de Nerea, su pareja, le ha pasado algo. Se asoma a la ventana, y ve a una señora recogiendo los cristales de las ventanas rotas, recuerda que a su marido lo mataron los paramilitares.
Habla de que está a punto de cumplir treinta y ocho años, todos, salvando las treguas, conviviendo con el conflicto. Intenta ser prudente, pero parece equidistante. Sin embargo, resulta vergonzante que solo muestre compasión por el asesinado por los paramilitares. Olvidar a cientos de muertos y miles de heridos de la otra parte del “conflicto”, olvidar lo que significa matar al que piensa diferente o imponer tu voluntad por la fuerza, es desolador.
Es un libro que ha merecido el premio Nacional de Narrativa, sin duda es interesante y entretenida la manera de afrontar el texto, además abrir el euskera, aunque lo que leemos es una traducción, desde la humildad de una lengua pequeña, como él dice, hacia nuevos territorios es una estupenda noticia.
Autor: Kirmen Uribe
Género: Narrativa
Editorial: Seix Barral – Biblioteca Breve
Libros - Sección Sindical de CCOO en el Ayuntamiento de Leganés
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